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Para la Bosa de Comercio de Rosario la quita de retenciones primarizó la producción

Los derivados del poroto tienen el mismo nivel de retenciones y las fábricas no encuentran incentivos para convertir el poroto en harina o aceite

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El cambio en la política de retenciones al campo implementado por el Gobierno nacional en el segundo semestre de este año va en contra del valor agregado en origen. Así se desprende de un informe realizado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Es que, antes de las últimas modificaciones, al complejo sojero se les aplicaba derechos de exportación diferenciados por producto. Esto se hacía para incentivar los envíos de aceite y harina de soja en detrimento del poroto (que tiene menor elaboración).

Pero ahora, a partir de agosto pasado, los tres productos cuentan con el mismo nivel de retenciones del orden del 28% (sin baja gradual prevista en el corto plazo) generando que las fábricas no encuentren incentivos para convertir el poroto en harina o aceite.

Esto se da en un contexto en el cual China rehabilitó recientemente el ingreso de aceite de soja argentino luego de un bloqueo comercial que se extendió durante tres años tras el reinicio de las obras de las represas en Santa Cruz financiadas por capitales chinos.

“El escalonamiento de las retenciones en el complejo sojero constituye uno de los elementos esenciales en el desarrollo de la industria aceitera y de las exportaciones de aceites y harinas”, indicó el documento técnico de la BCR.

“Los diferenciales arancelarios funcionan como una herramienta para contrarrestar las medidas proteccionistas existentes en aquellos países importadores que fomentan la industrialización en su propio territorio”, explicó la entidad rosarina.

Antes de modificar e igualar los derechos de exportación, el poroto de soja tributaba 26% en concepto de retenciones, al tiempo que en el caso del aceite y la harina de soja ese impuesto era del 23% (ahora todos pagan alrededor de un 28% con un tope de 32%).

El tema es que todo esto va en contra, no solo del valor agregado en origen, sino también del arraigo que el Gobierno nacional fomentó, al menos desde el discurso, como una política de Estado para generar desarrollo en el interior del país.

La capacidad de procesamiento de semillas oleaginosas en todas las fábricas aceiteras argentinas registró un crecimiento del 310% en los últimos 27 años. Mientras en 1990 se procesaban 48.800 toneladas por día, en 2017 se llegó a procesar 200.000 toneladas.

“Los países a los que exportamos oleaginosas aplican un arancel de importación más alto a las compras de harina y aceite que a los granos”, sostiene el informe elaborado por los técnicos Patricia Bergero, Julio Calzada, Emilce Terré y Federico Di Yenno.

“En momentos donde el mundo vira a un creciente proteccionismo, no luce oportuno tomar medidas que debilitan la competitividad de las exportaciones de valor agregado ya que ello repercute sobre el nivel de empleo y de actividad”, advirtió la BCR.

Un dato no menor es que la harina de soja es el producto más importante de la balanza comercial con casi u$s 10.000 millones por año. En el primer semestre de 2018, los sectores oleaginosos y cerealeros exportaron un 43% del total de los envíos del país.

“La Argentina viene perdiendo participación en la molienda mundial de soja y el restablecimiento del escalonamiento arancelario ayudaría a aumentar la industrialización y mejorar la performance a nivel global”, agregó el informe.

Así las cosas, la BCR alertó que “fomentar la exportación del grano sin procesar puede hacer que los productores tengan en el futuro mayores dificultades para vender el grano dañado o sufrir un castigo significativo en el precio por cuestiones de calidad”.

Lo mismo ocurre en el caso del trigo y la harina. Actualmente, con la nueva tasa de cuatro pesos por dólar exportado, el primero paga unos 20 dólares por tonelada en concepto de retenciones, mientras que el segundo abona alrededor de 30 dólares.

En estos casos se da con el agravante de que ninguno de los dos productos (tanto el trigo como la harina) estaban gravados anteriormente, sumado a la baja de reintegros de exportación que afectó a todos los eslabones de la cadena triguera.

Como sea, en la Secretaría de Agroindustria por ahora se mantienen firmes en la previsión de cosecha de soja para la campaña 2018/19 con 54,2 millones de toneladas a pesar de los graves daños reportados por el temporal del fin de semana pasado.

En caso de que se cumpla este cálculo, el Estado se garantizaría unos u$s 6 mil millones sólo por el cobro de retenciones, aunque, claro está, todo depende de las variaciones del precio de la soja en medio de la “Guerra Comercial” entre EE.UU. y China.

En la última semana los precios de la soja en Chicago siguieron afirmándose en torno a los u$s 330 ante la expectativa de que pronto comenzarán a desactivarse las barreras proteccionistas en el marco de una posible reunión entre Donald Trump y Xi-Jipping.

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